Juan Pablo Segundo dijo:_El futuro de la iglesia y de la humanidad,
depende en gran parte de los padres y de la vida familiar que construyan
sus hogares:
Una palabra buena se dice pronto. Sin embargo se
nos hace tan difícil pronunciarla a veces. Nos detiene el
cansancio, nos distrae la preocupaciones, nos frena un sentimiento
de frialdad o de indiferencia egoísta. Así sucede
que pasamos al lado de personas, a las cuales aún conociendo,
apenas les miramos el rostro y no nos damos cuenta de lo que están
sufriendo por esa sutil agotadora pena de sentirse ignoradas.
Juan
Pablo Segundo dijo:_Sólo en
el amor está el secreto de la supervivencia.
Sólo sabe amar verdadera y plenamente aquél
que es capaz de “poseer” su alma.
Poseerse a si mismo, para convertirse en don para los demás.
Un gesto afectuoso, una señal de atención
y de cortesía, pueden ser una ráfaga de aire fresco
en lo cerrado de una existencia, oprimida por la tristeza y el desaliento.
Todos los cristianos han de comprometerse en el
diálogo con los creyentes de todas las religiones, de tal
modo que crezca el entendimiento y la colaboración mutua,
se refuercen los valores morales y Dios sea alabado en toda la creación.
Juan
Pablo Segundo dijo:_No tengáis
miedo. El hombre ha sido para ser feliz.
Sólo el amor construye. El odio destruye.
Lo único que hace el odio es disgregar y desorganizar toda
vida.
Hoy no basta ya afirmar. Hay que saber escuchar
para comprender en qué punto se encuentra el otro en su camino
de búsqueda o en su drama de derrota y huida.
El hombre no puede vivir sin esperanza. Debe aspira
a algo, debe tener finalidad en la vida y la sensación de
poder alcanzarla. La esperanza está ligada al futuro.
El tiempo que vivimos, no es tiempo de peligro e
inquietud. Es tiempo de esperanza y de logros.
El hombre, por encima de toda actividad social o intelectual, por
alta que sea, encuentra su desarrollo pleno, su realización
integral, su riqueza insustituible en la familia.
Aquí, realmente, más que en otro campo de su vida,
se juega el destino del hombre.
Los padres deberían hacer crecer a sus hijos
en un estilo de vida sencillo y austero, enseñándoles
que el hombre vale más por lo que es que por lo que tiene.
Los jóvenes deben ser las mejores personas
que puedan ser. Deben desarrollar al máximo las posibilidades
inmensas que Dios les ha dado al hacerlos a su imagen. No se contenten
con mediocridades.
El mundo de los hombres pueden hacerse cada vez
más “humano”, solamente si en todas las relaciones
recíprocas, introducimos el momento del perdón.
Juan
Pablo Segundo dijo:_Vuestro hogares
deben seguir siendo siempre hogares de oración.
En realidad sólo llega a nuevas metas, quién
sabe que todavía no ha conquistado aquello a lo que aspira.
EL Perdón es además la condición
fundamental de la reconciliación, no solo en la relación
de Dios con el hombre, sino en las relacione recíprocas entre
los hombres.
Ya sabéis, que antes de dar comienzo a su
vida pública, Jesús se retiró a orar cuarenta
días en el desierto. Pues bien, queridísimos hermanos
en Cristo. Procurad hacer, vosotros también, un poco de silencio
en vuestra vida, para poder pensar, reflexionar y orar con mayor
fervor y hacer propósitos con más decisión.
Deseo a vosotros que os descubráis a vosotros
mismos a lo largo del camino.
Hoy resulta difícil crearse zonas de desierto
y de silencio, porque estamos continuamente envueltos en el engranaje
de las ocupaciones, en el fragor de lo acontecimientos y en el reclamo
de los medios de comunicación, de modo que la paz interior
corre peligro, y encuentran obstáculos los pensamientos elevados
que deben calificar la existencia del hombre. Es difícil,
pero tan importante nutrirse del silencio.
Pronunciando las palabras del Padrenuestro, Jesús
creó un modelo de oración concreto y al mismo tiempo
universal. De hecho, todo lo que se puede y se debe decir al Padre,
está encerrado en las siete peticiones que todos sabemos
de memoria. Hay en ellas, una sencillez tal, que hasta un niño
las aprende, pero al mismo una profundidad tal, que se puede pasar
una vida entera en meditar su sentido.
No se construye una sociedad justa sobre las injusticia.
No se construye una sociedad que merezca el título de humana,
dejando de respetar al otro, y peor todavía, negándole
a los seres las libertades más fundamentales.
No se puede pensar en construir un mundo nuevo sin
ser fuertes y valientes para superar las ideas hoy de moda, los
criterios de violencia del mundo y las sugestiones del mal.
Todo ello exige que traspasemos las barreras del miedo, para ser
testigos de Cristo, y al mismo tiempo presentar una imagen del hombre
auténtico, que se expresa únicamente en el amor.
Durante la oración percibimos con más
facilidad la unión con el ser superior.
La caridad es el vínculo de la perfección.
Por medio de ella maduran más plenamente el hombre y la fraternidad
del planeta.
El hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón,
en cuya obediencia consiste en dignidad humana.
El trabajo más importante no es el de la
transformación del mundo, sino el de la transformación
de nosotros mismos.
Juan
Pablo Segundo dijo:_Es la caridad y
el servicio los que nos salvan y nos abren el camino hacia la verdad.
Debemos repetir que trabajar es servir, y la alegría
de poner nuestro trabajo y nuestras personas al servicio del bien,
no podrá jamás ser sustituidas por la ilusión
de un efímero poder individual.
La inteligencia sola no puede caminar en la búsqueda
de la verdad, si no está sostenida de continuo por la voluntad.
No se encuentra la verdad si no se la desea firmemente
y ése es un acto de la voluntad de la conciencia divina que
uno manifiesta a través de la voluntad. Ése es también
el libre albedrío.
Uno elige vivir en la verdad o en la mentira.
El hombre no puede vivir sin la esperanza.
Debe aspirar a algo. Debe tener una finalidad en la vida y la sensación
de poder alcanzarla.
De algún modo al hombre le resulto más
fácil amar lo que ve, que lo que no ve, sin embargo está
llamado a amar a Dios, que es el amor que está por sobre
todas las cosas.
Juan
Pablo Segundo dijo:_El amor no se reduce
sólo a lo que sentimos.
Tiene en el hombre raíces más profundas, que se hayan
en su “yo” espiritual, en su entendimiento y en su voluntad.
El hombre es el ser que busca a Dios y a veces
a cuando ya lo ha encontrado, no se permite creerlo y sigue buscándolo.
No nos dejemos apartar del fatigoso camino, sea
para detenernos, sea para escoger aparentes atajos, que no son sino
desvíos.
Para servir verdaderamente a la paz, la libertad
de cada ser humano y de cada comunidad debe respetarse. Hay que
saber respetar la ideas de los otros aunque sea muy opuestas a las
nuestras. Hay que saber escuchar y luego discernir, pero desde el
respeto.
La virtud, no es algo abstracto, distanciado de
la vida, sino que por el contrario, tiene raíces profundas
en la vida misma. La virtud incide en la vida del hombre, en sus
acciones y en su comportamiento.
Las experiencias penosas refuerzan las capacidades
y virtudes de los hombres. Aprovechemos determinados golpes. Entreguemos
nuestros sufrimiento al Señor, aceptemos y de ahí
en más, sólo nos queda crecer
La transformación del mundo comienza “ hoy” en
vosotros y verán como inmediatamente el mundo se transforma
en torno vuestro.
No abandonen sus búsquedas. No se contenten
con respuestas facilonas. Examinen atentamente lo que les pueda
servir para la felicidad auténtica.
Amar es, esencialmente, entregarse a los demás.
Lejos de ser inclinación instintiva, es una decisión
conciente de la voluntad, de ir hacia a los otros.
En solidaridad con vuestros hermanos de diferentes
naciones, razas y culturas, es posible para ustedes cambiar el mundo
y construir un futuro mejor para todos. Un futuro en que las personas
sean más importantes que las ganancias, en el que los recursos
del planeta estén repartidos con justicia, y en el que las
negociaciones pacíficas sustituyan a las amenazas de guerra.
Dad a conocer al mundo que habéis elegido
el camino de la verdad y la compasión, de la honestidad y
el amor del perdón y de la reconciliación.
Juan
Pablo Segundo dijo:_Los hombres que
hacen avanzar la historia, en el nivel más humilde o en el
más elevado, son aquellos que tienen la vocación de
buscar y de construir.
Pronto van a descubrir que el más pobre y
el más desprovisto, puede ser el primero en entrar al reino
de los cielos y lo que es esencial, es que puede ser aquél
de quién Dios se sirve para traer la salvación al
mundo.
“Romper la cadena”
No al egoísmo.
No a la injusticia.
No a la desesperanza.
No a los caminos sin Dios.
No al odio y a la violencia.
No a la mediocridad.
Sí a la fe y al compromiso con la vida.
Sí al respeto de la dignidad de todos por igual.
Sí a la justicia, al amor y a la paz.
Sí a la solidaridad con todos, obligándose especialmente
hacia los más necesitados.
A fin de cuentas, sólo el amor salva.
Juan
Pablo Segundo dijo:_A ustedes se les
pide que estén persuadidos de que la paz es el
otro nombre de la vida.