LA INDUSTRIA DEL TIEMPO LIBRE, EL TURISMO por Vanesa Wagner
1 - TIEMPO LIBRE Y SOCIEDAD
Espacio y tiempo en la evolución de la sociedad
TIEMPO LIBRE Y SOCIEDAD

1. Espacio y tiempo en la evolución de la sociedad

Varios pueden ser los criterios para clasificar las fases de la evolución de la sociedad. A fines de este trabajo, consideraremos dos criterios principalmente.
" La valoración del espacio
" La noción del tiempo.
Tanto la estimación del espacio como la conciencia del tiempo son productos sociales. Cada sociedad tiene una apreciación y una consideración particulares. Cada sociedad impacta sobre su espacio y su tiempo, y a la vez, es impactada por ellos.
Desde los orígenes, el hombre lucha para dominar las limitaciones y restricciones espaciales y temporales. A través de la historia, los hombres desarrollan actividades en un ambiente y una época determinados. Sienten, aprenden, están y hacen de ellos. El espacio y el tiempo son los entornos naturales y universales del hombre.
Desde esa perspectiva, consideraremos que se pueden distinguir cuatro fases en la evolución de la sociedad, de acuerdo con las formas de evaluación del espacio y atención del tiempo.
Estas etapas no son excluyentes. La aparición o llegada de una no supone la desaparición o partida de las existentes. En realidad, las fases de la evolución no se sustituyen , por lo contrario, se agregan, a través de procesos históricos complejos. No se trata, pues, de un proceso de sustitución sino de agregación de valoraciones o nociones de características de cada fase.
En cada fase de la evolución de la humanidad, unas valoraciones y nociones prevalecen sobre otras, determinando las características y formas de concebir el ambiente y la época, el espacio y el tiempo, o sea, las dos variables que la vida humana, individual y socialmente.
Siguiendo a Roberto San Salvador del Valle Doistua, creemos que la sociedad ha evolucionado del espacio natural al virtual pasando por el rural y el urbano del tiempo universal al inmediato pasando por lo convencional.

FASE 1 FASE 2 FASE 3 FASE 4
ESPACIO NATURAL RURAL URBANO VIRTUAL
TIEMPO UNIVERSAL UNIVERSAL CONVECIONAL INMEDIATO

Rev. Neolítica rev de las
Comunidades
Rev. industrial
La primera etapa de esa evolución se ha caracterizado por un predomino del espacio natural y tiempo universal.
" La segunda por una preponderancia del espacio rural y del tiempo universal.
" La tercera, por una preeminencia del espacio urbano y del tiempo convencional.
" La cuarta etapa de esa evolución se caracteriza por una preeminencia del espacio virtual y del tiempo inmediato.
Tres grandes revoluciones de la historia de la humanidad son las bisagras de estas cuatros fases:
" La revolución neolítica (7000 a. C.) enlazada la primera y la segunda.
" La revolución industrial (1750-1850) empalma la segunda y la tercera-
" La revolución de las comunicaciones ensambla la tercera y la cuarta.
Cada fase supuso la modificación de la valoración del espacio y de la noción del tiempo, otras formas de concebirlos que, a su vez, configuraron nuevas formas de organización política y géneros de oferta económica.

La primera fase

Desde los orígenes del homo sapiens (40000 años a. C.) y hasta el neolítico (10000-3000 a. C.) el espacio natural domino la vida humana.
El espacio natural es el ambiente de la naturaleza. Es el aire, el agua y la tierra.
Doistua lo define como "un conjunto de elementos, ordenados e interrelaciones que se articulan en estructuras no humanizadas, sometidas a procesos de cambio en el tiempo".
La naturaleza condiciona la vida humana, la engloba, desde siempre. A su vez el hombre actúa sobre ella; busca dominarla, someterla. La contaminación del espacio natural es una de las consecuencias negativas de esa actuación.
El tiempo universal es cósmico. El de los períodos de las estaciones del año (verano, otoño, primavera e invierno) y del día y la noche. Es el tiempo de los recolectores y cazadores. Es un tiempo cíclico, invariable e inmutable; es el tiempo del sol y la luna. Aquí el hombre adopta el tiempo.

La segunda fase

El cazador y recolector del paleolítico se caracterizan por su total dependencia de la naturaleza.
En cambio, el hombre del neolítico empieza a producir sus propios alimentos de los que consigue sobrantes; crea nuevas técnicas y forma los primeros poblados estables que permiten a la humanidad alcanzar cierta independencia frente a los ciclos y fenómenos naturales. El hombre deja de estar a completa merced de las fuerzas de la naturaleza.
El desarrollo de la agricultura constituye la clave de la revolución neolítica. Con la agricultura el hombre consigue, por primera vez, adaptar y modificar el espacio natural de acuerdo con sus necesidades. La revolución neolítica constituye la etapa previa de todas las grandes culturas de Mesopotamia, Egipto, China, Japón y América.
Es el primer gran triunfo del hombre sobre el entorno espacial. Con la agricultura y luego la ganadería, aparece una nueva configuración del espacio el rural.
El espacio rural es el ambiente del campo.
Desde la revolución neolítica hasta nuestros días, la agricultura y la ganadería son las actividades del hombre que configuran el espacio rural.
El espacio rural es una forma de concebir el ambiente desde el campo, una valoración del universo como ámbito campestre y aldeano, silvestre y rústico como un medio de producción agrícola y ganadera. Un espacio caracterizado por los valores vernáculos.
Junto con la valoración del espacio rural, la segunda fase se caracterizo por la noción del tiempo universal a semejanza de la primera. El hombre sigue dependiendo del tiempo cósmico, de los períodos de las estaciones del año y del día y la noche. Es el tiempo de los hombres de campo.
El universal es el tiempo de los espacios natural y rural, o sea, de la primera y la segunda fases.

La tercera fase

El espacio natural y luego el rural, junto con el tiempo universal, dominaron la vida humana hasta la llamada revolución industrial, que se inicia a mediados del siglo XVIII en Inglaterra y se desarrolla en el siglo XIX a través de Alemania, Bélgica, Francia, Estados Unidos y Japón.
El invento de la máquina a vapor inicia esta revolución.
La producción industrial desplaza a la producción agrícola y ganadera como motor de la economía.
La máquina a vapor de James Watt (1796) hizo posible que se desarrollara el transporte a través de barcos a vapor. Luego, gracias a la aparición de la locomotora ideado por George Stephenson en 1829, con la máquina "Rocket" propulsada por vapor, comienza la era del ferrocarril. El 15 de septiembre de 1830 se inaugura la primera línea regular de pasajeros, entre las ciudades de Liverpool y Manchester y desde entonces hasta 1850 se construye en Gran Bretaña 10.500km. de líneas férreas. Así el hombre acorta distancias espaciales y temporales. En 1879, Thomas Alba Edison inventa la lámpara incandescente. Mucho más segura que la iluminación a gas usada hasta entonces, inauguro la demanda de la electricidad para consumo doméstico. El 4 de septiembre de 1882, día de la puesta en marcha de la primera central eléctrica del mundo, en la ciudad norteamericana de Manhattan, marcó el comienzo de la era de la iluminación eléctrica. El hombre iluminaba la noche del tiempo universal.
Junto con la revolución industrial aparecen las deplorables condiciones de vida y trabajo de los obreros asalariados; horarios laborales agotadores de 75 a 80 horas semanales; la falta de higiene en los ambientes laborales y el pésimo estado de las viviendas en los barrios obreros. El incremento de población en las ciudades de los países industriales europeos y las nuevas máquinas textiles, que habían dejado sin trabajo a muchas personas, produjeron desocupación y la emigración masiva hacia países de poca población y de gran territorio con posibilidades de altos rendimientos. Entre 1861 y 1920 emigraron 46 millones de personas de Europa hacia Estados Unidos, Argentina, Brasil, Canadá, Australia y Nueva Zelandia.
Así, junto con la industrialización llega el fenómeno de la urbanización y con ella una nueva valoración del ambiente: el espacio urbano.
El espacio urbano es el ambiente de la urbe. A partir de la revolución industrial el espacio se vive desde la urbe.
El espacio urbano es el espacio de la ciudad. Desde la revolución industrial hasta nuestros días, la producción industrial es la actividad del hombre que configura el espacio urbano.
El espacio urbano es una forma de concebir al espacio desde la ciudad, una valoración del universo como ámbito ciudadano, abierto y animado, como un medio de producción industrial. Un espacio caracterizado por valores cosmopolitas.
El hombre empieza a dominar el tiempo. No depende de las estaciones del año ni del día o la noche. El hombre genera un ciclo temporal determinado por el desarrollo tecnológico, lo conviene. Atento a ello, a la noción de tiempo correspondiente a esta tercera fase la llamaremos convencional.
El tiempo convencional es el tiempo de la producción fabril de la jornada y la semana de trabajo. Es el de los hombres de ciudad. Es el tiempo del reloj y del almanaque. Aquí, el hombre adapta el tiempo. El convencional es el tiempo del espacio urbano, o sea, de la tercera fase.
Aquí surge claramente la división entre tiempo de trabajo y tiempo de no- trabajo y empiezan las luchas y conquistas sociales para dignificar y limitar el tiempo de trabajo.

La cuarta fase

Con la llamada revolución de las comunicaciones se inicia una nueva fase de la evolución de la sociedad.
Primero la televisión y luego la Internet suponen una nueva valoración del espacio y nueva noción del tiempo. Se trata de un espacio virtual y del tiempo inmediato. Son el ambiente y la época de las comunicaciones o más bien de las telecomunicaciones.
Como bien señala Giovanni Sartoti:
Nos encontramos en plena y rapidísima revolución multimedia. Un proceso que tiene numerosas ramificaciones (Internet, ordenadores personales, ciberespacio) y que, sin embargo, se caracteriza por común denominador: tele-ver, y, como consecuencia, nuestro video-vivir.
En "Homo videns", Sartori centra la atención en la televisión, y la tesis de fondo es que el vídeo está transformando al homo sapiens, producto de la cultura escrita, en un homo videns para el cual la palabra está destronada por la imagen.
Las civilizaciones se desarrollaron con la escritura. Pero hasta la invención de la imprenta de tipos móviles en 1448, la cultura de toda sociedad se fundamenta principalmente en la transmisión oral "El homo sapiens que multiplica el propio saber es, pues, el llamado hombre de Gutemberg" como bien observa Sartori. La Biblia impresa por Gutemberg entre 1452 y 1455 tuvo una tirada de apenas 200 copias pero se había producido el salto tecnológico. El progreso de la reproducción impresa culminó entre los siglos XVIII y XIX con la llegada del "diario". Obsérvese que el diario se componía manualmente hasta la invención de la linotipia (1884) que permitía componer 6000 caracteres por hora frente a los 1400 de la composición manual. Desde mediados del siglo XIX en adelante comienza un nuevo y diferente ciclo de avances tecnológicos. Con la invención del telégrafo de Samuel Morse e 1837 (primer sistema para transmitir información a través de un hilo de cobre) y después la del teléfono de Alexander Graham Bell en 1876 (basado en una membrana que reaccionaba ante la ondas acústicas de la voz humana) desaparecía la distancia y empezaba la era de las comunicaciones instantáneas o inmediatas. La invención de la radiotelefonía sin hilos (la radio) de Guillermo Marconi en 1896, también eliminaba distancias y además era el primer gran difusor de comunicaciones.
Pero la ruptura, en opinión de Sartori, se produce a mediados del siglo XX, con la llegada de la televisión y más tarde agregamos nosotros la de la Internet a mediados de la década del 80. Hasta los años 60, la mayoría de los televisores funcionaban a válvulas, la pantalla era muy pequeña y las imágenes en blanco y negro. A fines de esa década, la empresa Sony desarrolló y patentó el sistema que produce tres haces separados que forman la imagen (trinitrón).
El 20 de julio de 1969 la población mundial vio a través de la televisión, en vivo y en directo, el primer paso del hombre sobre la luna. Un hito fundamental de las comunicaciones que varió radicalmente la valoración del espacio y la noción del tiempo.
La televisión es de "ver desde lejos", es decir, llevar ante los ojos de espectadores cosas que pueden acontecer en cualquier lugar y distancia sin tener que moverse. Para el espectador las imágenes cuentan más que las palabras y eso es un cambio radical tanto de la valoración del espacio como de la noción del tiempo.
En pocas décadas, el progreso tecnológico nos ha sumergido en la edad cibernética, como la llamada Sartori. Estamos pasando o hemos pasado a una edad "multimedia" en la cual los medios de comunicación son numeroso. El nuevo soberano sería la computadora y con ella la digitalización de todos los medios que además introduce realidades simuladas o virtuales.
Podríamos decir que la televisión y la Internet nos llevan a un espacio de las imágenes y a un tiempo de las redes.
Coincidimos con Sartori en que, así como la radio no ha sido anulada por la televisión, no hay razón para suponer que la televisión será anulada por la Internet. En 1992 existían un millón de millones de televisores. En 2000, la cantidad de computadoras conectadas a diario en la Internet superaba los 80.000.000. En un período de tiempo no demasiado largo una mayoría de la población de los países opulentos tendrá en casa, además de la televisión, un ordenador, conectado a la Internet.

PRIMERA FASE
De los orígenes del homo sapiens a la revolución neolítica
ESPACIO NATURAL
Es el espacio de la naturaleza y los valores naturales TIEMPO UNIVERSAL
Es el tiempo del sol

SEGUNDA FASE
De la revolución neolítica a la revolución industrial
ESPACIO RURAL
Es el espacio del campo y los valores vernáculos TIEMPO UNIVERSAL
Es el tiempo del sol


TERCERA FASE

De la revolución industrial a la revolución de las comunicaciones
ESPACIO URBANO
Es el espacio de la ciudad y los valores cosmopolitas TIEMPO CONVENCIONAL
Es el tiempo del reloj


CUARTA FASE
De la revolución de las comunicaciones a nuestros días
ESPACIO VIRTUAL
Es el espacio de las imágenes televisadas TIEMPO INMEDIATO
Es el espacio de las redes informáticas

 
2.Características de la sociedad emergente de la revolución de las comunicaciones.

Coincidimos con Doistua al decir: " Las profundas transformaciones en la que se ve imbuida la sociedad actual se manifiestan en dos planos fundamentales: la radical modificación de la naturaleza del espacio y la alteración del concepto tiempo".
Hay una evolución del espacio natural al virtual, pasando por el rural y el urbano así como el tiempo universal al inmediato pasando por el convencional o social.
Como dijimos etapas no son excluyentes. En cada fase de la evolución de la sociedad, unas valoraciones y nociones prevalecen sobre otras determinando las características y formas de concebir el ambiente y la época.
La virtualidad de las imágenes y la inmediatez de las redes, reinterpretan las
apreciaciones y consideraciones existentes. Hasta ahora, el hombre vivía en su espacio (natural, rural o urbano) y en su tiempo (universal o convencional).
Ahora, vive también otros espacios y tiempos ajenos, virtual e inmediatamente, a través de la televisión y la Internet, mediante imágenes y redes que resignifican sus propios espacios y tiempos.
Así, de la revolución de las comunicaciones emerge una sociedad que se caracteriza por la supervivencia de los espacios y los tiempos existentes y, a la vez por la irrupción de la virtualidad espacial de las imágenes televisadas y la inmediatez temporal de las redes informatizadas.
Sobre esa base, observamos un dilema fundamental de la sociedad emergente del que dependerá su configuración definitiva.
Como bien señala Doistua al examinar los cambios vividos en la sociedad.
"Las aplicaciones de las nuevas tecnologías en el mundo de la información , comunicación y transporte no sólo acortan distancias físicas, sino que produce aproximaciones inmateriales de mayor trascendencia...los sucesos calificables históricos se suceden a ritmo vertiginoso en comparación a siglos pasado, y a pulso acelerado, en contraste con décadas pasadas ".
La cuarta fase que vivimos se caracteriza por lo que Victor Massuh llama "abolición de la distancia". Como se dijo, esa abolición se inicia con el telégrafo y el teléfono, con la radio, más radicalmente con la televisión y ahora con la Internet. En ese marco, se deberá resolver aquel dilema.
"La globalización - dice Víctor Massuh - cobra forma a través de un fenómeno tecnológico previo que se dio en llamar la abolición de la distancia . La revolución producida por las técnicas de la comunicación, desde la cibernética a la computación, la telemática, Internet, los bancos de datos y la realidad virtual, terminó aboliendo no sólo la distancia espacial sino también el tiempo. Esta supresión implicó, en ambos, vaciamiento de todo contenido concreto."
La "abolición de la distancia" despoja al espacio de cualidades, accidentes y rasgos peculiares y al tiempo de las tres dimensiones de la conciencia pasado, presente y futuro. El espacio y el tiempo dejan de ser modos de percibir la diversidad del mundo, que viene a ser reemplazada por el "reino de lo homogéneo. " La consecuencia es mayúscula, sostiene Massuh: un observador instalado en cualquier punto del globo puede gozar de una ubicuidad plural y simultánea.
"Este milagro hizo posible un don sólo reservado a los dioses: el ser humano puede estar al mismo tiempo en todas partes y mantener con sus interlocutores un diálogo abierto en direcciones infinitas. Es omnipresente. Podemos pensar esta condición privilegiada de dos maneras: que el ser humano se instala en el mundo porque es su patria verdadera o que, por el contrario, es un sin patria en el mundo".
Es necesario superar esta antinomia que resume la grandeza y la miseria de la revolución de las comunicaciones y la consecuente globalización, sus versiones angélica y demoníaca.
Sería imposible desconocer sus conquistas. Entre ellas, el acercamiento entre las personas y los pueblos. El hombre no se puede negar a las posibilidades del progreso tecnológico, la virtualidad del espacio y la inmediatez del tiempo.
La televisión y la Internet son y serán positivas para adquirir información y, sobre esa base, conocimientos.
Pero también sería absurdo desestimar sus riesgos. Las comunicaciones e informaciones virtuales e inmediatas no significan vivencias ni conocimientos.
La "abolición de las distancia" puede significar un abandono del hombre de carne y hueso así como un desarraigo del espacio y el tiempo del mundo circundante.
Sin dudas el hombre no puede vivir fuera de las imágenes y las redes de las comunicaciones e informaciones. Por otra parte, necesita rescatar los valores de los espacios (natural, rural y urbano) y de los tiempos (universal y convencional) existente que lo identifican.

 
Si el hombre vive en tiempo inmediato y en un espacio virtual pierde identidad. Si vive al margen de ellos queda excluido. Ese es el dilema. No puede vivir de espalda al televisor y la computadora pero tampoco puede vivir a cara a ellos.

Tiempo libre
Del tiempo de trabajo al tiempo de no-trabajo

Como dijimos, la tercera fase (desde la revolución industrial hasta la revolución de las comunicaciones ) se caracterizó por la noción del tiempo convencional, junto con la valoración del espacio urbano.
El tiempo convencional marca la separación entre el tiempo de trabajo y el tiempo de no- trabajo.
Sin dudas, los costos humanos de la revolución industrial fueron horrorosos.
Recordemos que con la revolución industrial aparecen las deplorables condiciones de los obreros asalariados así como la desocupación, derivada del incremento de población en las ciudades de los países industriales europeos y las nuevas maquinas textiles.
Como bien observa Sartori:
"Todo progreso tecnológico, en el momento de su aparición, ha sido temido e incluso rechazado. Y sabemos que cualquier innovación molesta porque cambia los órdenes constituidos. Pero no podemos ni debemos generalizar. El invento más protestado fue, históricamente, el de la máquina, la máquina industrial. La aparición de la máquina provocó un miedo profundo porque, según se decía sustituía al hombre. Durante dos siglos esto no ha sido cierto. Pero era verdad entonces, y sigue siendoló ahora, que el coste humano de la revolución industrial fue terrible. Aunque la máquina era imparable, y a pesar de todos los beneficios que ha producido, aún hoy las críticas a la civilización de la máquina se relacionan con verdaderos problemas."
Por consiguiente, a partir de la industrialización empiezan las luchas sociales para dignificar el tiempo de trabajo y para ampliar el tiempo de no- trabajo.
La industrialización se caracterizó, así , por la división entre tiempo de trabajo y tiempo de no - trabajo.
Durante la primera y la segunda etapa (desde los orígenes del homo sapiens hasta la revolución industrial pasando por la revolución neolítica ) no había un tiempo de trabajo, y por lo tanto, tampoco había otro tiempo de no- trabajo.
En el tiempo universal del espacio natural y rural, la noción temporal es simple y no diferencia trabajo y no- trabajo. Pensemos, por ejemplo, que en el paleolítico una familia podía cosechar con las manos más trigo salvaje en las tres semanas que duraba la maduración del trigo del que consumía en un año.
Pensemos, también que los movimientos de las estaciones así como la alternancia del día y la noche regían los ritmos de los campos y de las personas que se organizan inflexiblemente según las necesidades de los cultivos y de los animales.
Desde nuestros punto de vista, las nociones de tiempo de trabajo y de no- trabajo son consecuencias de la revolución industrial, la primera directa y la segunda indirecta.
El tiempo de no- trabajo se manifiesta como contraposición al tiempo de trabajo industrial, como reivindicación social de los movimientos obreros que desembocarían en el nacimiento de los sindicatos y en la aparición de organizaciones políticas que exigirían la implantación del sufragio universal.
Como dice Manuel Cuenca Cabeza, el tiempo industrial es ante todo un tiempo medido: es colectivo, su ejecución es realizada en grupos organizados. La cantidad de piezas producidas por unidad de tiempo lo gobierna todo. Esto no es realmente nuevo, pues de la antigüedad se encuentran intentos de organizar el trabajo y ejecutarlo en grupo. Lo que es nuevo es la imperatividad del tiempo para guiar las operaciones y medir su eficacia. "El tiempo de trabajo y el tiempo de la vida están separados."

El tiempo de no- trabajo al tiempo libre.

La división entre tiempo de trabajo y tiempo de no- trabajo proveniente de la industrialización, subsiste en la cuarta fase que vivimos.
La revolución de las comunicaciones no ha sustituido al tiempo de trabajo ni al de no- trabajo. Sin embargo hay un rebalanceo entre ambos. Primero, las conquistas obreras disminuyeron el tiempo de trabajo y ampliaron el de no- trabajo. Luego junto con la revolución tecnológica y el consecuente aumento de la productividad, se ha creado mas tiempo de no- trabajo a partir de nuevas relaciones laborales a las que se suma el progresivo retraso de la edad en la incorporación al mundo laboral de los jóvenes y adelantamiento de procesos de jubilaciones de adultos.
A este tiempo de no- trabajo de los trabajadores tantos activos como pasivos, debemos agregar el de los trabajadores desocupados, un tema creciente importancia sobre todo en las economías subdesarrolladas del mundo.
Podemos decir, pues, que en la cuarta fase que vivimos, el tiempo de no- trabajo ha aumentado desde le punto de vista cuantitativo.
Al tiempo de no- trabajo es mayor pero, fundamentalmente, es distinto al de la industrialización. La revolución de las comunicaciones, con las imágenes televisadas y las redes informatizadas, ha producido un cambio cualitativo. En la cuarta fase en la que vivimos, el hombre necesita y demanda un buen uso de ese tiempo de no- trabajo. Con la industrialización el hombre pidió más tiempo de no- trabajo, ahora pide mejor tiempo de no- trabajo.
Así como antes de la revolución industrial, el hombre no sentía como necesidad un tiempo de no- trabajo y a partir de la industrialización esa ha sido una reivindicación social, desde la cuarta fase el hombre necesita y demanda un uso positivo de ese tiempo de no- trabajo que, como dijimos, ha aumentado.
La novedad no es el tiempo de no- trabajo es mayor. Hoy ese es un dato de la realidad. La novedad es el hombre emergente de la revolución de las comunicaciones necesita y demanda una utilización beneficiosa del tiempo de no- trabajo. En unos casos, el de los trabajadores activos y pasivos, se trata de una oportunidad económica. En otros, el de los trabajadores desocupados se trata de un desafío social.
En los casos de los no- trabajadores, o sea, niños, adolescentes, jóvenes o adultos que no son parte del mercado de trabajado, se trata, a la vez, de una oportunidad económica y un desafío social.
Al buen uso del tiempo de no- trabajo o tiempo disponible, lo llamaremos tiempo libre.


Hacia un nuevo concepto

Desde nuestro punto de vista, el hombre vive un tiempo de trabajo y otro tiempo de no- trabajo.
Igualmente, dichas vivencias pueden tener una direccionalidad positiva o negativa.
Al tiempo de trabajo vivido con direccionalidad positiva, lo llamamos labor. Es el trabajo que dignifica al hombre.
Al tiempo del trabajo vivido con direccionalidad negativa lo denominamos yugo.
Es el que esclaviza al hombre.
Las luchas sociales para dignificar el trabajo representan el paso del yugo a la labor, del trabajo que esclaviza al trabajo que dignifica.
Al tiempo de no- trabajo vivido con direccionalidad positiva lo llamamos tiempo libre. Es el tiempo de no- trabajo que libera al hombre.
Al tiempo de no- trabajo vivido con direccionalidad negativa lo denominaremos nocivo y , a su vez, lo clasificamos en ausente y alienante
siguiendo a Cuenca Cabeza. Es el tiempo de no- trabajo que oprime al hombre.


DIRECCIONALIDAD NEGATIVA

YUGO

LABOR DIRECCIONALIDAD POSITIVA
NOCIVO
*AUSENTE
* ALIENANTE
TIEMPO LIBRE


Por consiguiente, sostenemos que nos es correcto identificar tiempo libre y tiempo de no- trabajo porque no son sinónimos.
El primero presupone al segundo pero el segundo no supone al primero.
El tiempo de no- trabajo se puede usar de muchas maneras o de muchos modos, puede liberar o alinear al hombre.
Desde nuestro punto de vista, el tiempo de no- trabajo libera al hombre si representa una experiencia de libertad.
Esa experiencia de libertad se exterioriza a través de un conjunto de actividades individuales o sociales, pero básicamente, es una vivencia subjetiva.
Para, nosotros, en síntesis, el tiempo libre es una experiencia de libertad vivida en el tiempo de no- trabajo a través de un conjunto de actividades individuales o sociales.
Desde nuestro punto de vista, el tiempo libre emancipa al hombre, lo salva, lo rescata. Esta experiencia de libertad hace que el hombre busque el tiempo libre como un fin sí mismo, y no como un medio.
El tiempo libre mejora al hombre y no es simplemente el medio para volver al tiempo de trabajo con nuevas fuerzas, aunque también pueda servir para que el hombre trabaje mejor. Pero, en ese caso, la mayor productividad laboral será una consecuencia adicional.
El tiempo libre, por definición, tiene una direccionalidad positiva, o sea, es el buen uso del tiempo de no- trabajo.
Queda para saber otros estudios, saber si el trabajo admite una experiencia de libertad. Creemos que sí. El tiempo de trabajo y la experiencia de libertad son antagónicos. Sin embargo, a los fines de esta obra, nos importa la experiencia de libertad. vivida en el tiempo de no- trabajo.
Ahora bien ¿cuáles son- o pueden ser. esas experiencias de libertad vividas en el tiempo de no- trabajo? Por lo menos cuatro, a saber.
" Desarrollo personal
" Diversión
" Contacto con el lugar.
" Vinculo con la gente

De ahí derivan las cuatro dimensiones del tiempo libre que Cuenca Cabeza reconoce en el ocio humanista:
" La dimensión creativa
" La dimensión lúdica
" La dimensión ambiental.
" La dimensión solidaria.
El tiempo libre permite el encuentro con uno mismo, con los otros o con el medio.
Como hemos dicho, el tiempo de no- trabajo también puede tener una direccionalidad negativa. Es decir, pueden ser experiencias que impidan dichos encuentros.
Las manifestaciones de direccionalidad negativa son la falta o el uso perjudicial del tiempo de no- trabajo. Es el tiempo de no- trabajo nocivo que, a su vez clasificamos en ausente y alienante.
Entendemos al ausente como la "falta de tiempo de no- trabajo" proveniente de la llamada "adicción al trabajo".
El alienante es el uso perjudicial del tiempo de no- trabajo.
Tanto el ausente como el alienante impiden los contactos con uno mismo, con los otros o con el medio y por lo tanto, son dañinos para la persona y la sociedad.

 
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